El perro y el hombre: genética y comportamiento.

Javier AnguloCientíficoLeave a Comment

La historia de la relación del perro con el ser humano es una historia difuminada por la bruma del tiempo. Para comprenderla debemos retroceder millones de años y recurrir a descubrimientos e investigaciones recientes.

Hace aproximadamente 300 millones de años un grupo de reptiles empezó a dibujar una línea evolutiva que finalizaría con el origen de los mamíferos. Hace 65 millones de años, con la desaparición de los dinosaurios debido a un meteorito, los mamíferos sufrieron un proceso de radiación adaptativa (un pequeño número de especies se adaptó a muchos nichos ecológicos nuevos y se dieron muchas nuevas especies). Surgieron los primates (ancestros del hombre actual) y poco después los carnivoromorfos (ancestros del perro actual). A partir de este momento debemos separar las líneas evolutivas del perro y el hombre, que se volverán a cruzar en repetidas ocasiones, como veremos a continuación.

Cuando se empezó a estudiar el origen del perro, se barajaron muchas hipótesis. Por no extendernos demasiado, mencionaremos únicamente la teoría del ancestro múltiple, que contemplaba la posibilidad de que el perro actual fuera una mezcla de cruces dirigidos por el ser humano, en la que habían intervenido lobos, chacales, coyotes, dingos e incluso zorros. Posteriormente se demostró que, aunque cabe la posibilidad de que en momentos puntuales se hayan hecho cruces entre perros y algunas de las otras especies mencionadas. Esta hipótesis fue rechazada debido a las incompatibilidades genéticas, como la del zorro con el resto de cánidos.

Gracias a la genética molecular se descubrió que hay un 99,8% de compatibilidad entre el ADN del lobo y el del perro, y tan solo de un 96% entre el perro y el chacal (con porcentajes similares e incluso menores con otros cánidos). Por lo tanto, quedó demostrado que el perro actual es una subespecie del lobo. Una de las hipótesis más plausibles es la que sugiere que los primeros acercamientos entre los lobos y el hombre se produjeron por una relación de comensalismo (relación entre dos especies en la que una saca provecho y la otra no saca ni provecho ni perjuicio), que probablemente surgió cuando los primeros grupos de homínidos empezaron a dominar el fuego. La expansión de los homínidos por las mismas áreas en las que vivían los lobos produjo una reducción en los nichos ecológicos de los mismos, modificando la conducta de los lobos, cuya alimentación era más variada y consistía en el consumo de pequeñas presas y frutos silvestres. Los lobos se vieron obligados a modificar sus hábitos de alimentación y se dirigieron hacia la caza de presas mayores.

De manera paralela a la modificación de conducta de los lobos que no entraban en contacto directo con los hombres, otro grupo de lobos, de tendencia más sociable y menos agresiva, se acercó a las hogueras humanas para disfrutar de los restos de comida.

Los primeros ejemplares morfológicamente similares al lobo actual surgieron hace 800.000 años, y el Homo Sapiens surgió hace unos 300.000. Puesto que el dominio del fuego es anterior al Homo Sapiens, no es de extrañar que el primer contacto entre los lobos y los homínidos no fuera con el Homo Sapiens, sino con otros como el Homo Erectus. Hay confirmación paleontológica de que ya existían contactos entre las dos especies hace 100.000 años, pero la cifra exacta del primer contacto se especula que pudo ser hace 400.000 años o incluso más.
Desde estos primeros contactos entre el hombre y el lobo hasta el comienzo en la domesticación de este, hace unos 14000 años, existe un vacío en el que solo caben especulaciones y esperar a que la paleontología arroje más datos. Sea como fuere, la domesticación comenzó en diversos puntos del planeta más o menos al mismo tiempo, aunque en el primer lugar que se dio fue en Asia y la impronta genética de la domesticación asiática es la que más impacto tiene en el perro actual y las 800 razas que se estima que existen.

Con la domesticación el perro sufrió ciertas modificaciones, entre las que destacan la ganancia progresiva de inteligencia social, una adaptación fisiológica a su nueva dieta, compuesta principalmente de restos humanos, con elevadas cantidades de almidón y un cambio en el carácter, dando lugar a individuos que tienen muchas semejanzas al carácter con los lobeznos (neotenia). También se produjeron cambios en su propia forma de comunicarse, apareciendo el ladrido con mucha más notoriedad que el aullido.

Enlaces de Interés:
https://blogdeunbioquimico.wordpress.com/2013/04/27/evolucion-la-aparicion-de-los-mamiferos-i/
https://news.nationalgeographic.com/news/2008/11/081110-lizard-hair.html
http://campus.cursosccc.com/leccion.php?leccionid=934
Dos Santos, Marcelo (octubre de 2002). «¿De dónde salió el Boby?». Axxón 119.
«Genomic and archaeological evidence suggest a dual origin of domestic dogs». Science 352 (6290): 1228-1231. doi:10.1126/science.aaf3161.

Revista Nature (23 de enero de 2013). «The genomic signature of dog domestication reveals adaptation to a starch-rich diet» (en inglés). Archivado desde el original el 2 de abril de 2013. Consultado el 14 de mayo de 2013. «We identify candidate mutations in key genes and provide functional support for an increased starch digestion in dogs relative to wolves.».

http://galimundi.com/2009/03/30/del-lobo-al-perro/

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