¿Se lavan los dientes los perros?

Javier AnguloSaludLeave a Comment

Es bien conocida por todos la necesidad de cuidar nuestra salud dental todos los días con el simple acto del cepillado. A lo largo del día exponemos nuestros dientes a múltiples agresiones (café, bebidas ácidas, dulces, el humo del tabaco, etc) y es por eso que solemos cepillarnos después de cada comida, pero, ¿y los perros?¿Es necesario cepillar también sus dientes? La respuesta simple es un rotundo sí, pero por supuesto no nos vamos a quedar ahí. Os explicaremos porqué y cómo debéis vigilar la salud dental de vuestro peludo.

La boca de un perro, aunque muy diferente en forma y tamaño, en esencia no es muy distinta de la nuestra y sus dientes tampoco lo son. La composición de un diente humano y otro de un cánido son prácticamente iguales y las patologías que estos pueden sufrir también son similares, por ello no podemos desatender su cuidado en nuestros mejores amigos, sobretodo por las consecuencias que esto puede acarrear. Un error muy frecuente es la falta de exploración o la exploración incompleta de la boca de nuestros compañeros pero,”a ver quien le abre la boca a esta fiera” diréis algunos, y no os falta razón. El motivo más frecuente de falta de exploración bucal o exploración incompleta es la dificultad en la tarea, pues muchas veces, aunque tengamos una relacion muy intima con nuestro perro, ver el interior de su boca puede ser misión imposible ya que no suele resultarles agradable pero siempre nos las podemos ingeniar mientras esta dormido o usando algun juego con comida para que nos deje ver su dentición. Si simplemente levantamos sus belfos (labios) o su hocico, simplemente estaremos viendo la cara externa o vestibular. Por ello debemos prestar atención durante la exploración y no dejarnos ninguna pieza sin revisar, incluidas los últimos molares que pueden pasar desapercibidos por estar algo más escondidos. Bien, hemos conseguido que nuestro amigo nos deje verle la dentadura al completo y por supuesto, buscaremos sarro, que en los perros suele tener un color más marronaceo que en las personas, pudiendo formar auténticas costras de varios milímetros de grosor. Si nos encontramos en esta situación debemos acudir a nuestro veterinario habitual para que realice una limpieza dental, puesto que, aunque nosotros solo vemos un poco de sarro, bajo esa costra puede estar enmascarada una infección importante e incluso es posible que sea necesario extraer el diente. Pero ¿por que pasa esto?

Como hemos comentado antes, los dientes de nuestro amigo no son tan distintos de los nuestros, pero con gran diferencia las bacterias que habitan en su boca no se parecen en nada. Aunque sabemos que la cantidad de bacterias en la boca de los canes es superior a la nuestra, curiosamente las bacterias que tenemos nosotros suelen ser más peligrosas que las suyas, pero eso no quita para que también puedan sufrir múltiples enfermedades por este motivo, que comentaremos en otro artículo al respecto, y a esto hay que sumar el hecho de que se han encontrado bacterias habituales de la boca humana en las bocas de sus compañeros y viceversa, lo que aún aumenta más las oportunidades de estos indeseables y microscópicos compañeros de viaje, que sin saberlo, nos pueden jugar una muy mala pasada, tanto a nuestros peludos como a nosotros mismos. Existe un peligro escondido bajo esa fea costra de sarro en los dientes de nuestro perro o bajo nuestra propia encía y es que algunas de estas bacterias son capaces de llegar a nuestro corazón y no precisamente en el buen sentido, sino literalmente. Se conoce como diseminación por vía hematógena y puede causar serios problemas tanto en el corazón como en otros órganos. Básicamente estas bacterias son capaces de atravesar la pared de nuestros capilares (las “venas” más finitas) y entrar en nuestra circulación sanguínea destino, el corazón. Una vez que llegan ahí pueden viajar a donde quieran, o mas bien a donde vaya la sangre, en concreto a donde más sangre vaya, y eso suele ser el cerebro, los riñones o los pulmones. En este caso el primero está bien defendido, y estos viajeros oportunistas pasan de largo por esa parada, pero en los otros dos serán bien acogidos y aquí viene el problema. Tanto en el riñón como en el pulmón, o incluso el estómago, estas bacterias pueden establecerse y multiplicarse, creando una verdadera infección y pasando a repartirse nuevamente por la sangre, eso se conoce como septicemia y dependiendo de qué nombre científico tenga el susodicho inquilino, puede llegar a ser mortal. Existe otra posibilidad, la más frecuente, y es que estas bacterias se asienten en su primera parada en el corazón y permanezcan ahí, sigilosas pero multiplicándose y sin llamar mucho la atención irán dañando poco a poco el corazón creando una auténtica bomba de relojería y produciendo una endocarditis que comprometa la salud cardiaca de nuestro perro. Si bien esto no es lo más habitual, puede llegar a darse de una manera sutil y progresiva, por lo que deberemos prestar especial atención si nuestra mascota ya padece alguna enfermedad, puesto que este proceso puede agravar otras dolencias como la diabetes o las insuficiencias hepáticas o renales. Y ¿qué podemos hacer para prevenirlo?

Como hemos comentado al principio, la primera y la mejor arma de que disponemos es la observación. nosotros somos quienes más tiempo pasamos con nuestros compañeros y somos quienes mejor oportunidad tenemos para explorar su boca con su consentimiento, ya que muchas veces en la consulta del veterinario eso es imposible. Por ello es casi obligatorio echar un vistazo de vez en cuando para comprobar que todo va bien ahí dentro. Detalles como la halitosis (mal aliento) o el enrojecimiento de las encías nos indicarán la necesidad de cepillar esos dientes y lo podemos hacer como queramos. Hay multitud de instrumentos para ello, desde guantes-cepillo hasta juguetes, lo importante es que cumpla su función y eso no siempre se consigue. Lo más barato, sencillo y efectivo será siempre un cepillo de dientes de toda la vida, solo que igual nuestro amigo se divierte más mordisqueándolo que dejándose cepillar. En ese sentido ya es labor de búsqueda. Deberemos encontrar la fórmula que mejor vaya con nosotros y, por supuesto, con nuestro perro. El objetivo es que sus encías se estimulen y sus dientes se “froten” contra una superficie no abrasiva pero que llegue a los recovecos y bajo este lema, existen múltiples golosinas que simplemente masticándolas logran eliminar los restos de comida y sarro acumulado, pero acaban teniendo un problema… no las mastican. En este caso, como siempre, los remedios caseros de nuestra abuela son los más recurridos y con razón. el pan duro es una de nuestras mejores herramientas para limpiar los dientes de nuestro querido glotón, pues tiene la consistencia perfecta para eliminar restos de placa y al ser seco, lo mastican antes de tragarlo. De cualquier manera, el mero acto de morder por lo que muchos juguetes “rompibles” como los huesos serán efectivos a la hora de mantener sus dientes libres de sarro por lo que se indica también un beneficio en el uso de pienso seco granulado.

En definitiva, prevenir es curar y vigilar la salud dental de nuestro peludo puede traernos muchísimo beneficios. Con el simple acto de observar podemos evitar desde un incómodo mal aliento hasta enfermedades cardíacas graves, evitarnos imprevistos de limpiezas o extracciones dentales e incluso lograr una mejor relación con nuestro perro a base de juegos y cuidados porque, qué menos que darles lo mejor.

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